La mayoría de las muertes en espacios confinados no las causa una caída ni un golpe. Las causa el aire. Un aire que se ve normal y mata en silencio.
Un espacio confinado es cualquier recinto no diseñado para estar dentro: un tanque, una fosa, un silo, una tubería grande. El peligro no es el espacio en sí, sino lo que su atmósfera le hace a tu cuerpo. Y hay tres formas en que ese aire se vuelve mortal.
Las tres caras de una atmósfera peligrosa
Primero, falta de oxígeno: por debajo de 19.5 % tu cuerpo empieza a fallar, y el aire que respiras pudo haber sido desplazado por otro gas sin que lo notes. Segundo, exceso de algo tóxico: H2S, monóxido, vapores; basta una concentración pequeña para perder la conciencia en un par de respiraciones. Tercero, atmósfera inflamable: vapores que con una chispa convierten el recinto en una bomba. Piensa en abrir una nevera vieja: no ves el gas que salió, pero el aire de adentro ya no es el de afuera.
Quien entra a un tanque con poco oxígeno no siente que se ahoga. Siente que se cansa, se sienta a descansar y no se vuelve a levantar.
El aire se mide, no se supone
La regla es simple y no se negocia: ningún espacio confinado se entra sin medir la atmósfera primero, y sin seguir midiendo mientras haya gente dentro. Medir una sola vez al abrir la tapa no alcanza: la atmósfera cambia con el trabajo, la temperatura y el tiempo. Oxígeno, gases tóxicos y explosividad, en ese orden, con un equipo calibrado y un criterio claro de cuándo NO se entra.
Antes de levantar la próxima tapa, hazte una pregunta: ¿sé qué hay en ese aire, o lo estoy suponiendo? Suponer es el primer paso del accidente. Tu personal puede aprender a leer y controlar esa atmósfera, paso a paso, en EURECA.
Escrito por
Equipo de Global Safety Solutions
Seguridad de procesos
Formamos a equipos de planta en seguridad de procesos con criterio de campo: lo que de verdad protege a tu gente, explicado simple.
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